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14/06/2000. WWF/Adena. Las principales naciones industrializadas están intentando socavar la efectividad del único acuerdo mundial para combatir el calentamiento global, según un análisis presentado hoy por 15 de las mayores organizaciones ecologistas de todo el mundo, entre ellas Greenpeace, Friends of the Earth y WWF. El tratado de Kyoto, que se supone ha de reducir las emisiones de los gases causantes del cambio climático en un 5 por ciento durante la década entrante, podría ser desvirtuado para permitir que las emisiones de la OCDE aumenten en un 15-20 por ciento. El movimiento ecologista señala a Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda como los principales culpables entre los más de 120 países que se reúnen en Bonn, durante las próximas dos semanas, en las negociaciones sobre cambio climático. "Estos gobiernos están intentando crear la impresión de que están avanzando en las políticas climáticas cuando en realidad, en la trastienda llena de humo de estas negociaciones, están intentando triturar sistemáticamente los últimos pedazos de integridad ambiental del Protocolo de Kyoto", declara Bill Hare, Director de Política Climática de Greenpeace. El movimiento ecologista sigue impulsando tenazmente el Protocolo de Kyoto con el fin de que se cumpla su propósito declarado de reducir las emisiones de gases invernadero, como primer paso para evitar un cambio climático peligroso. Sin embargo los ecologistas están cada vez más preocupados de que los agujeros que se abren en las reglas operativas del Protocolo de Kyoto podrían permitir que los peores contaminadores, entre los que se incluyen los países antes citados, continúen aumentando sus emisiones, y eviten hacer esfuerzos en su propio terreno. Uno de los mayores agujeros concierne a las reglas para las actividades forestales. Canadá, Japón, Australia, EE.UU., Nueva Zelanda, Suecia y Francia favorecen reglas que darían incentivos para cortar bosques primarios y reemplazarlos con nuevas plantaciones por las que puedan reclamar créditos de contaminación. El tratado ofrece enorme flexibilidad para que los países cumplan sus objetivos comerciando con "derechos" de contaminación, mediante proyectos en otros países y confiando en los bosques para absorber la contaminación por CO2 del aire. Los gobiernos parecen determinados ahora a estirar esta flexibilidad hasta conseguir su ruptura. "Si los gobiernos no cambian el rumbo, el Protocolo de Kyoto va a estrellarse", afirma Jennifer Morgan, de WWF International. Los grupos ecologistas también están presionando para evitar que Canadá, Japón, Francia, Australia, EE.UU., Nueva Zelanda y Reino Unido consigan que la energía nuclear sea aceptada para el "Mecanismo para un Desarrollo Limpio" de Kyoto. "Estos países están pendientes de sus propios intereses y están incumpliendo su deber de pasar a la acción para prevenir un cambio climático peligroso. Nunca nos hemos visto en una situación tan desesperada y sentimos que tenemos con el público la responsabilidad de decirlo tal como es realmente", señala Roda Verheyen, de Friends of the Earth. "El Protocolo de Kyoto está siendo destruido lentamente, pero con seguridad, a medida que los gobiernos se empeñan en abrir agujero tras agujero, lo que les permitiría evitar hacer nada para reducir las emisiones por la quema de combustibles fósiles, que es la principal causa del cambio climático", advierte Karla Schoeters, de Climate Network Europe, coalición de organizaciones ecologistas europeas. "Con la misma certeza con que estamos viendo que el mundo se calienta, y los primeros signos de desastres climáticos ante nosotros como las inundaciones de Mozambique y las grandes tormentas de Europa al final de 1999, los principales contaminadores están tratando de escaparse de poner su propia casa en orden", dice Mie Asoka, de Kiko Network , una coalición de grupos ecologistas de Japón.
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