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Antropología y Paleontología
La extinción producida a finales del Pérmico podría tener una explicación no sólo debida a factores climáticos, volcánicos y atmosféricos.
El choque de un meteorito, asteroide o cometa podría haber ocasionado la muerte de la mayoría de las especies hace 250 millones de años.

Al igual que con el episodio de la desaparición de los dinosaurios ocurrido a finales del periodo Cretácico, hace 65 millones de años, nuevos datos obtenidos a partir del análisis de isótopos contenidos en el interior de compuestos químicos denominados fullerenos parecen respaldar esta teoría.



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12/03/2001. Redacción BorNet.

El estudio de la presencia y evolución de vida sobre la Tierra es en la actualidad una ciencia de marcado carácter multidisciplinar que, a diferencia de lo que pudiera parecer, no presenta un único frente de avance detrás del que el camino recorrido permanece más o menos estable e invariable, sino que está sujeta a una frecuente revisión tanto en métodos de análisis y sistemas de datación, como en las conclusiones deducidas mediante estos.

Desde los inicios de la paleontología el análisis del registro fósil ha permitido establecer una serie cronológica que comprende al menos los últimos 540 millones de años. Se trata de una labor semejante a la construcción de un gran puzzle en el que todavía nos faltan muchas piezas no sólo por colocar, sino también por descubrir.

Las cuatro divisiones principales en las que tradicionalmente se divide la escala de tiempo geológica, las eras Precámbrica, Paleozoica, Mesozoica y Cenozoica, tienen sus límites marcados precisamente por la existencia de cambios muy importantes en el registro fósil.

Así, la aparición de la vida en lo que se ha denominado "la explosión cámbrica" marcó la sucesión entre las dos primeras. Por el contrario, dos episodios de extinción y sustitución de especies marcaron las sucesiones entre las siguientes Eras. El último de ellos, ocurrido hace 65 millones de años provocó la desaparición de los dinosaurios y marcó el paso entre la era Mesozoica y la Cenozoica, en la que actualmente estamos. Pero fue hace aproximadamente 250 millones de años cuando ocurrió sobre nuestro planeta la mayor extinción de la que se tiene noticia. Se trató de un episodio de proporciones colosales, que marcó el paso de la Era Paleozoica a la Mesozoica.

Afectó sobre todo a las formas de vida marinas, y entre ellas principalmente a los invertebrados, con una desaparición de alrededor del 90 por ciento de todas las especies entonces existentes, como en grandes grupos de foraminíferos (fusulináceos), corales (de los tipos tabulados y rugosos), equinodermos (blastoideos) , briozoos, bivalvos, gasterópodos, etc. El suceso provocó también la desaparición de los últimos representantes existentes de los trilobites o de múltiples especies de vertebrados, como diversas especies de peces agnatos y tiburones.

Si bien las formas de vida animal terrestres pudieron soportar mejor el fenómeno, este dejó sentir sus efectos de una forma cuando menos notoria, llegándose a cifrar en, al menos, un 50 por ciento la desaparición de las especies terrestres, entre ellas gran parte de los representantes que ocupaban la cúspide de la cadena trófica de la época como Inostrancevia (reptil terápsido teriodonto), Dinogorgon o Lycaenops (reptiles mamiferoides terápsidos pertenecientes a los gorgonópsidos). También fue el final de diferentes especies de anfibios.

Las especies vegetales sufrieron también cambios importantes como, por ejemplo, la casi desaparición de los muy abundantes bosques de Glossopteris (gimnospermas pertenecientes a la clase de las liginopterópsida o pteridospermas), cordaítes (gimnospermas pertenecientes a la clase de las pinópsidas) o calamites (pteridófitos o helechos pertenecientes al orden equisetales, clase de las calamitáceas).



Arriba: cráneo de un Dinogorgon. Imagen cortesía del Profesor Bruce Rubidge, Director del Instituto de Paleontología Bernard Price en la Universdad de Witwatersrand, Sudáfrica.


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